diumenge, 22 de maig de 2011

MIRAR, CON OTROS OJOS...



Hoy es domingo.Me he levantado temprano, me gusta disfrutar del frescor matutino de la primavera.El día me acompaña con su rostro más radiante y agradable. He creído que valía la pena saborear el día lentamente como si quisiera evitar que se me escapara.He cogido el coche y me he dirigido al pueblo donde trabajo, hay allí una plazoleta preciosa.Me he sentado en la terraza de uno de los bares y he pedido un café con leche con el rollo que le acompaña, descafeinado de máquina, con la leche natural ( se dice así en Catalunya a los líquidos servidos a temperatura ambiente) y dos sobres de azucar,me he sentado tranquilamente y he observado la plaza que queda dividida en esta época del año entre el sol y la sombra. Me he detenido a observar todo lo que acontecía allí y he deseado que no viniera ningún conocido a distraerme. Mi mirada ha acariciado los pensamientos amarillos ,que adornaban en sus enormes tiestos el lateral de la plaza,he seguido el movimiento de sus pétalos al son de la brisa matinal que los mecía suavemente y por un momento los he sentido más vivos que nunca,me he sentido tan cerca de ellos como puedo hacerlo de cualquier ser humano, les he mirado con complicidad como si quisiera decirles ,nadie lo sabe pero podemos comunicarnos.Una señora con sobrepeso acusado y vestida y peinada impecablemente se ha sentado junto a otra en la terraza del bar de al lado, ya empiezan a verse algunos turistas por aquí, tenía una sonrisa preciosa que provocaba unos marcados hoyuelos en sus mejillas e irradiaba felicidad. Los gorriones jugaban revoloteando el techo azul de la plaza y sus cánticos corales parecían recibir a la primavera con la mejor de las bienvenidas.El camarero del bar de al lado ha salido a servir las mesas y me ha mirado mal por estar sentada en la competencia, he pensado: después iré al suyo y tomaré otro café.Una niña con su triciclo se ha acercado a mi mesa y se me ha quedado mirando, le he dicho hola y ha comenzado a tirar hacia atrás con los pies mientras reía vergonzosa y me miraba a intervalos sonreirle. Una pareja que me ha parecido andaluza,hablaba en la mesa de al lado de los comentarios de la abuela de la chica sobre el franquismo, después se han levantado y se han ido.

Después de tomar el segundo café en el bar de al lado he vuelto a coger el coche, he conducido tranquilamente disfrutando del paisaje.Me siento afortunada por vivir aquí, en pleno parque natural,donde la naturaleza se manifiesta libremente en todo su esplendor.Si existió algún día el paraíso,debió ser un lugar muy parecido a este.

Hace un rato, he estado mirando por la ventana de mi habitación,ya con el sol escondiéndose tras las montañas aunque todavía espiándome un poco, con aire juguetón, sobre sus cimas .Es casi divina la vista que tengo desde allí. Se puede ver,abajo, el valle de principio a fin.El pueblo y su silencioso movimiento aparece ante mis ojos como un espejismo sacado del mundo de fantasía que ilustra algunos cuentos infantiles, las casas de piedra, los tejados de pizarra y la madera en puertas y ventanas parece integrarlo en el paisaje del modo más respetuoso posible.Las altas montañas a su alrededor parecen, desde su grandeza y majestuosidad, proteger el valle tiernamente, y la explosión cromática de la primavera le pinta vida al paisaje para regalarle a las montañas y al azul intenso del cielo una sonrisa de verdes preciosos, mensajera de belleza y armonía.Desde mi ventana, hacia abajo, se ve la ladera de la montaña. Una ardilla saltando de rama en rama del árbol inmenso que adorna la ladera, distrae mi atención.No puede verme desde ahí, si te ven,se esconden y te miran sigilosamente desde su escondite.La he obsevado durante unos minutos.Son tan divertidas y graciosas. Los pájaros desde aquí no se quedan atrás, orquestan maravillosas composiciones a cual más alegre. Hay que detenerse a escuchar para entender en sus notas que aquí, en plena naturaleza,es donde han encontrado su lugar predilecto.Como yo.Más allá, casi donde el valle empieza a perderse, puede apreciarse una pradera del verde más intenso que contrasta con el verde boltella de los abetos que acompañan al río.Unas motas color marfil salpican su extensa superfície.Son las ovejas pastando en el prado ante la mirada vigilante del pastor que con la fidelidad de un ángel,las guía día a día compartiendo con ellas el roce natural de la belleza de estos parajes.

Ha merecido la pena vivir este día en cámara lenta. Detenerme un instante en cada instante del día ha aquietado mi espíritu y me ha proporcionado una dosis de paz y armonía que hacía unos meses que no conseguía encontrar.

Ha sido grácias a las palabras del autor de un blog que sigo que me he dado cuenta de que no es el mundo el que me niega su mirada para que no avance en mi evolución espiritual sino que soy yo la que me olvido de mirar el mundo desde el amor y la compasión.Y aunque sé que no va a leer esto no quiero omitir el detalle.

Grácias Angus.

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